Aprendiendo a Perder

Aprender a perder es un aspecto de la vida que todos necesitamos incorporar en nosotros mismos aunque no nos guste y no sea en lo que estamos acostumbrados a capacitarnos. Forma parte de las Habilidades para vida que se nos deberían enseñar junto con matemáticas y español desde la escuela, en muchos casos podría ser aún más útil.

La capacidad de tolerar la frustración no está concebida en el mundo actual como una cualidad. Se nos enseña sobre el éxito y sobre lo importante que es ganar, pero no se nos enseña a tomar conciencia de que aunque lo queramos todo, no es posible tenerlo (y posiblemente tampoco recomendable).

Esta necesidad de ganar y nunca perder tiene un trasfondo neurobiológico interesante y que implica una conducta aprendida que favorece al más fuerte unida a nuestra capacidad de sobrevivencia.

Por ello nos es tan difícil, biológicamente hablando, aprender a perder, a aceptar que hay cosas irremediables como la pérdida de nuestras facultades, la pérdida de seres queridos, la constante sensación de insatisfacción del ser humano en relación con sólo algunos momentos de plenitud que pueden ser atesorados en el recuerdo y que muchos buscan revivir desesperadamente al menos de forma sintética usando drogas, alcohol, apuestas, etc, dando rienda suelta  a cualquier otra adicción que implique un momento pasajero de éxtasis.

No se debe malentender el aprender a perder con ser mediocre, ya que verdaderamente el acostumbrase a la ley del mínimo esfuerzo es también tener una ganancia secundaria, como lo es el no salir de mi estado de confort o el “pobrecito yo”, el que se encarguen de mí o el echar la culpa al mundo.

Aprender a perder más bien busca concientizarnos de la necesidad de entrar y completar nuestros duelos y no de escapar constantemente de ellos como a menudo hacemos. Las cantinas están llenas de personas que no han podido aceptar sus duelos y que se encuentran estancados a menudo en una de las primeras fases como lo es la negación.

Nos es más fácil luchar por un mundo en el que todo es éxito antes de enfrentarnos a nosotros mismos en un proceso introspectivo y responsabilizarnos de nuestro dolor y, aceptando nuestra historia de vida. No somos culpables de lo que nos haya pasado, pero sí somos responsables de lo que hagamos con lo que nos pasó. Personas que han sufrido mucho han logrado enseñar a otros a aceptar las vicisitudes de la vida sin quebrantarse, tomando su dolor y convirtiéndolo en sabiduría.

Pongo el ejemplo del Dr. Vivtor Frankl, quien desarrolla el concepto de la logoterapia luego de su experiencia en los campos de concentración de la  Alemania nazi. La Terapia del Sentido nos habla de que la persona no necesita precisamente de una vida ausente de conflictos, sino una meta que le merezca la pena para salir adelante y la cual a menudo tiene que ver con las personas que se ama. De este camino depende nuestra conciencia de  desarrollo integral (algunos así definen la felicidad) y el de los demás a nuestro alrededor.

Deberíamos ser expertos en la vivencia y aceptación del duelo, ya que vivimos duelos constantes todos los días. El no estar donde queremos, como queremos y con quién queremos, el nos ser lo suficientemente bonitos, acaudalados, fuertes, inteligentes, amados, etc. El no poder comprar algo que deseamos, el no poder lograr  llegar donde creemos que debemos estar, hasta estar esperando en una de las famosas presas vehiculares de Diciembre es perder un poco (al menos el tiempo).

Cada uno de estos ejemplos implica que debemos aprender a perder, aunque lo que queramos sea solo ganar y hacer lo que pensamos correcto para nosotros. Digo esto último porque es a menudo  la crisis lo que nos da la mayor oportunidad de crecer y es el no obtener lo que queremos lo que nos moviliza a encontrar nuevas respuestas a los desafíos.

 Entonces precisamente la crisis se convierte es nuestro mayor impulso de crecimiento, en lo que más nos enseña, si es que deseamos aprender.

El Duelo se ha analizado de diferentes formas y por diferentes autores, pero en este caso, y ampliando el concepto no solo a la pérdida de un ser querido sino a cualquier pérdida podemos definir algunos pasos en su resolución:

  1. Aceptación de la realidad de la pérdida. En esta etapa se acepta que se perdió y lo importante que era para uno ganar o nunca perder.
  2. Elaborar el dolor de la pérdida. Implica llorar (de diferentes formas) la pérdida, aceptar que nos dolió mucho el perder o el nunca haber tenido.
  3.  Adaptarse a un medio en el que perdimos o no tenemos lo que queremos
  4. Reubicarnos emocionalmente y seguir viviendo, atreviéndonos a seguir “apostándole a la vida”. Seguir deseando y atrevernos a  enfrentar el miedo de nuevamente perder.

Desde perder lo más ínfimo hasta la sensación de ir perdiendo nuestra vida con la cercanía de la vejez y con la muerte de los amigos y allegados,  son duelos. ¿Cómo los afrontamos?, o más bien,

¿Los afrontamos?

En muchas ocasiones el trabajo de un terapeuta consiste precisamente en enfrentarnos al duelo y ayudarnos a pasar en un camino donde perdimos, caímos y es necesario levantarse de nuevo, ahora más fuertes, más sabios, utilizando toda nuestra capacidad de resiliencia.

Se dice que la vida es una eterna lección de humildad. Cada día que pasa lo comprendo más.

Dr. Mauricio Campos Campos

Médico Especialista en Psiquiatría